Por
Niza Puerto
Ya
son 75 años de la expropiación petrolera, y sigue la misma letanía sobre la
defensa a ultranza del hidrocarburo para que su explotación y comercialización
no pase a manos privadas, aun cuando nadie haya siquiera insinuado que “se vaya
a vender Pemex”, como algunos han hecho creer.
Sin
duda se trata de un tema sumamente espinoso en este país el hablar de la
privatización del petróleo, quizá por la misma insistencia de aquellos que sí
explotan el hidrocarburo, al menos políticamente y que año con año, cada 18 de
marzo, alzan la voz para rechazar una venta de Pemex que no existe, que no está
en la mesa.
Pero
eso no quiere decir que no haya quienes sí están a favor de la concesión de
ciertas áreas de Pemex, pues argumentan que a los mexicanos “de poco o de nada
nos sirve ser los dueños del petróleo, toda vez que su principal derivado, la
gasolina, es excesivamente costosa y de ínfima calidad, si comparamos el precio
con otros países productores de petróleo”.
Estos
que se pronuncian a favor de la concesión –al menos en áreas bien definidas
dentro de la paraestatal- aducen que el propio Lázaro Cárdenas propuso un año
después de la expropiación, en 1939, a
las empresas extranjeras que invirtieran y colaboraran con Pemex en la
exploración y explotación y aseguran que si entonces ello no fructificó fue
porque esas mismas empresas lo desecharon y porque la situación derivada del
inicio de la guerra, también lo frustró.
Incluso
hay quienes se pronuncian por buscar mecanismos de inversión similares a los
que creó Lula da Silva para Petrobras en Brasil, vendiendo miles de millones de
dólares en acciones sin perder el control sobre la empresa, sin privatizar
nada.
Se
motivan por la premisa de “si se plantea que Pemex se administre como una
verdadera empresa, nada se está privatizando y más bien se hace una empresa más
eficiente y generadora de más recursos para una sociedad que lo requiere”.
En
fin, el tema es sumamente delicado, pues estamos hablando de la principal
fuente de riqueza de la nación desde hace muchas décadas y es preciso
explotarla con visión y responsabilidad, pues además se trata de un bien no
renovable.
La
experiencia en México nos dicta que la privatización de los bienes de todos los
mexicanos ha sido nociva para la nación, prueba de ello es Telmex, empresa
monopólica en manos de un bribón como Carlos Slim, dispuesto a sangrar a la
gente hasta la última gota. Eso es lo que no se puede tolerar, eso es lo que
los mexicanos reprobamos y que jamás podrá ocurrir con Pemex.
Creemos que el petróleo debe explotarse aprovechando el momento que vivimos, que
persistirá aún varios años, en los cuales los precios estarán altos, hoy por
encima de los 100 dólares por barril. Todo ello para consolidar la plataforma
de exportación y, por otra parte, para reducir el consumo interno de crudo, al
mismo tiempo que se consolida la base energética de un futuro que, en algún
momento, no podrá ya depender del petróleo.
Ya viene la reforma energética, en el que se necesitará
pensar en el futuro del país y de su gente. Eso es lo que está en juego. Ni más
ni menos.
nizapuertop@hotmail.com






