En las últimas fechas, se hace patente el poder de la movilización ciudadana a través de las redes sociales para expresar ‘su voz’ e influir en los hechos de actualidad en nuestro país. Apenas el pasado viernes 17 de mayo se celebraba el ‘Día Mundial de Internet’, con la coincidencia de todos quienes usamos esta herramienta, -hoy indispensable-, del gran potencial que aún tiene por explotar en todos los aspectos del quehacer humano.
Es alentadora la motivación que actualmente tiene la sociedad por ser parte de la discusión de las distintas problemáticas, por el sólo hecho de tener un foro propio en el que puede interactuar con personas de su primer entorno, pero también con políticos, organismos y medios de comunicación, que hasta hace poco tenían la exclusividad de la opinión al momento.
Lamentablemente, muchas personas no alcanzan a comprender de qué se trata esto de ser escuchado y sólo utilizan el recurso para denostar sin sentido, utilizar palabras soeces, sin aportar nada más que su propia amargura y frustración personal, aprovechando regularmente el anonimato que ofrecen las redes sociales, tal como aquellos encapuchados que cometen actos vandálicos supuestamente con causas legítimas. Así los llamados ‘trolles’ son vándalos de la libre expresión.
Pero dejando de lado el sin sentido, la gran mayoría trata de señalar injusticias, aportar ideas y argumentar sus opiniones, cuando ve un hecho cuestionable por parte de la autoridad, pero también de algún grupo social o sobre una tragedia o incluso de una cuestión doméstica de su comunidad.
La destitución esta semana de Humberto Benítez Treviño como Procurador Federal del Consumidor, fue una respuesta del gobierno al repudio social que de inmediato bautizó el caso de su hija berrinchuda como ‘Lady Profeco’ y lo llevó, como dicen los políticos, ‘hasta sus últimas consecuencias’, al forzar al presidente Peña Nieto a demostrar que las viejas prácticas, son cosa del pasado. “El Poder del Consumidor”, tal como reza una frase de esa misma dependencia, se hizo valer. El propio Benítez Treviño en su comunicado de despedida atribuyo su cese ‘al juicio de la opinión pública’.
Esta misma semana, los audios donde el exgobernador de Tabasco presume sus gustos de nuevo rico, llevaron al propio Andrés Granier, a reaparecer, aunque sea por teléfono, en un intento de hacer un control de daños que le resultó peor, al incrementar la repulsa de los tabasqueños y los mexicanos todos en su contra, además de los desmentidos a sus dichos que dio su sucesor, Arturo Nuñez. Aquí la combinación de los medios de comunicación y la sociedad hicieron la pinza perfecta, unos al exhibir y otros, al analizar y opinar.
Pero los usuarios de las redes, hoy más que nunca informados de la actualidad, no dejan pasar omisiones de la autoridad, como en el caso de Michoacán, donde la región de Tierra Caliente, arde por el conflicto entre el crimen organizado y grupos de supuesta autodefensa que ahora imponen su propia ley llevándose ambas partes a la población civil entre las patas. Adicionalmente, la protesta de normalistas que tiene al autotransporte y a las empresas de reparto contra las cuerdas, sin dejarlos prestar servicios y abastecer productos por el secuestro de sus unidades, choferes y hasta ¡policías!
La Secretaría de Gobernación anunció por fin una estrategia para ‘recuperar’ el control del estado que ya desde hace varias semanas había sido considerado por este gobierno como ‘un foco rojo’ y nombró, con la anuencia del gobierno interino, un general brigadier como secretario de Seguridad Pública estatal. La presión social y mediática funcionó de nuevo.
Pero la opinión pública también está al pendiente de la propia sociedad, al señalar hechos como el recién accidente en la Autopista México-Pachuca, que si bien gran parte de responsabilidad recae en autoridades, también encuentra causales entre los propios afectados que aún por necesidad y muchas veces por manipulación política, invaden zonas de riesgo, no sólo en cauces carreteros, sino en el de ríos que más temprano que tarde los arrasan, o en reservas ecológicas que buscan transformar en zonas de cultivo.
Incluso en el conflicto de los maestros en Guerrero, el clamor a las autoridades por imponer el orden, llevo a los integrantes de la ‘Ceteg’ a moderar sus movilizaciones al ver que sus acciones no contaban con el respaldo social, mientras en el caso de la UNAM, también hubo señalamientos sobre la tibieza con la que se actuó contra los encapuchados que saquearon la Rectoría.
El activismo en las redes pesa hoy tanto o más que cualquier movilización callejera, no causa perjuicios a terceros y tampoco embotellamientos que incrementen la contaminación. En la medida en que el acceso a estos medios de opinión sea mayor, tendremos una sociedad no sólo más participativa y actuante de lo que ya es hoy en día, sino un colectivo bien informado en el que realmente caben todas las formas de pensar, menos aquellas que únicamente se dedican a la ofensa sin sentido.
Jorge Luis Urzúa F.






